Vídeo para mujeres que sospechan que pueden necesitar una cirugía ginecológica y no tienen un diagnóstico claro. Diez minutos, en tono de consulta y no de anuncio.
Dame diez minutos. Creo que te van a servir.
Cuando termines, reserva una llamada de quince minutos, gratuita.
Miras el calendario para decidir cuándo viajas, y no lo miras por el trabajo. Lo miras por la regla: qué días puedes, qué días no te pones ropa clara, qué días conviene no alejarte de un baño.
Te ha dolido otra vez. Y ya ni lo dices, porque la última vez que lo dijiste alguien te contestó que el dolor de regla es normal.
Te encontraron un quiste y te dijeron «lo vigilamos, control en seis meses». Y ahí llevas, pensando en ello cada vez que algo molesta, sin saber muy bien qué se está vigilando.
Llevas meses con una cita pendiente para dentro de otros tantos, y por el camino has aprendido a contarlo más corto: lo resumes en dos frases, le quitas importancia y no insistes.
Y esa pregunta que casi no le dices a nadie y que es la primera de todas:
¿y si es algo malo?
Son situaciones distintas. Por debajo son la misma: hay algo que te pasa en el cuerpo, y nadie te ha explicado todavía qué es.
Soy Juan Carlos Torrejón. Cirujano pélvico con subespecialización oncológica acreditada por la ESGO, la Sociedad Europea de Oncología Ginecológica.
Y una cosa sobre esa certificación que nadie explica: para obtenerla no basta con un curso. Exige un número mínimo de cirugías y la revisión en vídeo de tu técnica quirúrgica.
Es decir: alguien miró cómo opero y lo aprobó.
Once años en hospitales públicos de tercer nivel —Bellvitge y el Hospital Clínic de Barcelona—, y no he trabajado en ningún otro sitio.
Y ahora lo que de verdad importa, que es por qué sigues esperando.
Hay dos cosas que a nadie le han explicado.
Casi nadie sabe que existe la figura del cirujano pélvico subespecializado. La gente cree que la ginecología es una sola cosa, y no lo es.
Hay ginecología general, y hay una subespecialidad quirúrgica que se dedica a la patología compleja y a decidir qué se opera y qué no. Existe en todos los hospitales de tercer nivel de Europa. Simplemente nadie sabe que puede ir a verla directamente.
Casi nadie sabe que se puede pagar solo por un criterio. La cabeza funciona así — si voy a un cirujano privado, me va a decir que me opere, porque de eso vive.
Es una sospecha razonable. La entiendo perfectamente.
Por eso la mayoría hace lo único que le queda: esperar. No porque le parezca bien.
Porque no sabe que hay una tercera opción entre esperar dos años y meterse en un quirófano sin entender por qué.
Subes tus pruebas —ecografías, analíticas, informes— por un canal médico seguro, y yo las miro antes. Con calma. Cuando empezamos a hablar ya sé de qué estamos hablando, y no gastamos la consulta en ponerme al día.
Suena obvio. Casi nadie lo hace, porque es tiempo de trabajo que no se factura.
Miramos lo que hay. Si hace falta, exploración y ecografía. Y te lo explico de verdad: con esquemas, con imágenes en la tablet, dibujándolo.
Porque yo puedo decirte «mioma submucoso», tú puedes asentir y salir por la puerta sin saber qué te acaban de decir. Eso no sirve de nada. No es un detalle simpático: es la mitad del trabajo.
Qué tienes, qué opciones hay y si existe indicación quirúrgica o no. Con mi nombre y mi firma.
Fíjate en lo que implica ese papel: si yo escribo que no hay que operar, ya no me puedo desdecir. Y es tuyo.
Si hay indicación y quieres seguir adelante, opero yo. No un equipo del que no sabes nada: el mismo que ha firmado el informe.
Y si las pruebas están hechas, en una a tres semanas.
Ver, entender, decidir. Y solo entonces, operar.
Quiero ser muy claro con esto, porque me importa.
En la pública se opera muy bien. Yo me he formado ahí, vengo de ahí y sigo pensando que funciona. Lo que no se puede es ir rápido. Y si tu caso es oncológico, la pública va rápida: ahí no vengo a competir con nadie, y si lo mejor para ti es ese circuito, te lo voy a decir.
Pero en el resto, el camino es este, y son cosas que todo el mundo ya sabe:
Y para que ese número deje de ser un número: para una mujer que sangra mucho, dos años son veinticuatro reglas más. Con el cansancio que arrastran, las bajas, los planes que se caen y el trabajo que no rinde.
Lo que yo te ofrezco no es saltarte una lista. Es saber ya qué tienes, para poder decidir con esa información en la mano. Incluso si decides esperar.
La llamada de quince minutos es gratuita.
Incluye que estudie tu caso antes, la videoconsulta de treinta minutos y el informe escrito en veinticuatro horas.
Para explorarte y hacerte la ecografía en el centro.
Valoración + parte presencial: 160 € en total.
Si tienes mutua, la parte presencial suele ir por tu póliza: en ese caso solo abonas la teleconsulta. Dr Torrejón te lo confirma en la llamada.
Estamos hablando de tu cuerpo y de una posible operación: ahí hace falta el tiempo que haga falta.
Y tampoco te voy a garantizar un resultado. En medicina no se garantizan resultados, y quien te lo garantice, desconfía.
Lo único que te garantizo es el trabajo: que tu caso se mira antes, que se te explica, y que la recomendación te llega por escrito y firmada.
Porque son quince minutos gratuitos en los que puedes contarlo entero, por una vez, sin resumir y sin quitarle importancia.
Porque no hablas conmigo: hablas con Ana, que trabaja conmigo y organiza las valoraciones. Y ella tiene una ventaja que yo, en consulta, no tengo: tiempo. No lleva la agenda de una visita de diez minutos.
Porque si tu caso no es de los que yo puedo valorar, te lo va a decir ahí mismo — y es mejor saberlo en quince minutos gratis que después.
Y porque pedir una valoración quirúrgica no sustituye a tu médico ni le quita nada. Los ginecólogos derivan estos casos con normalidad, todos los días. No estás haciendo nada raro.